Cuando hacemos los preparativos del viaje, pensamos en casi todo: lo que necesitamos, dónde vamos a vivir, qué presupuesto tenemos, con quién viviremos o compartiremos piso, incluso puede que investiguemos en profundidad sobre nuestra nueva ciudad de residencia, pero pocas veces pensamos en cómo nos vamos a sentir o si sabremos manejar esos sentimientos.
Uno de los sentimientos más frecuentes en las personas que emigran es el de la soledad, la sensación de vacío o la emoción de profundo de abandono, especialmente en la primera etapa de la migración.
Esa sensación de soledad va acompañada, con frecuencia, de tristeza, de cierta vulnerabilidad y de miedos que se apoderan de nosotros por momentos. Puede que también aparezcan sentimientos de culpabilidad o una constante idealización del pasado que ejerce de filtro y que no nos deja disfrutar del presente.
Es importante diferenciar entre ‘estar solo’ y ‘sentirse solo’. ‘Estar solo’ es el hecho objetivo de no estar en compañía, especialmente de personas a las que se está unido emocionalmente. ‘Sentirse solo’ es una sensación que puede experimentarse aún estando acompañado de familiares o amigos.
¿Qué podemos hacer frente a ese profundo vacío?
Lo primero es perder el miedo; entender qué significa realmente la soledad y qué significa la capacidad de estar solo. Es preciso preguntarse: ¿A qué le temes exactamente? ¿Qué es lo que crees que podría pasarte? ¿Por qué crees que le temes a la soledad?
Con frecuencia, el miedo a la soledad expresa el temor a enfrentarse a uno mismo, a nuestros pensamientos, temores, dudas y frustraciones o aspectos y duelos no resueltos de nuestras vivencias.
La soledad es inherente al ser humano. A pesar de ello, muchas personas huyen de ella de forma compulsiva y se afanan en estar acompañadas con quien sea con tal de no estar solas. Por lo general, el resultado de este comportamiento es una sensación de vacío aún mayor; nadie puede acompañarnos durante toda la vida salvo nosotros mismos. Por el contrario, hay personas que buscan estar solas de forma activa para sentirse en paz y en disposición creativa.
La soledad favorece la reflexión; no significa aislamiento ni sufrimiento. La capacidad de estar solos significa que podemos disfrutar nuestro tiempo estando solos sin sentirnos vacíos y tristes. Para ello, tenemos que conocernos, es decir, valorar y aprender a integrar nuestras luces y sombras, no evitarlas. Cuando realmente hemos desarrollado la capacidad de estar solos, podemos construir relaciones sanas con otras personas, no de dependencia y apego.
Estar solo es una buena oportunidad para aprender a estar contigo mismo; un espacio de tiempo para revisar a qué y a quiénes estamos apegados. Es la oportunidad para hacer aquellas cosas que te gustan (meditar, aprender algo nuevo, practicar algún deporte…) y para las que probablemente no has sacado tiempo.
Algunos recursos y claves que te pueden ser útiles para manejar esa sensación de vacío son:
- Recuerda espacios, personas o momentos en los que te sentías seguro y apoyado. Desde ese espacio, recrea tu situación actual.
- Únete a grupos o peñas deportivas o vincúlate a actividades de voluntariado en temas de tu interés.
- Utiliza el humor. Es una herramienta ideal para manejar situaciones de estrés y te ayuda a tomar distancia y a no sentirse tan abrumado por la situación actual.
- Evita juzgarte. Modera la autocritica.
- Abandona el victimismo.
- Escribe, dibuja o habla sobre lo que sientes o piensas y el significado que tiene para ti lo que estás viviendo.
- Practica la relajación o la meditación.
- Rodéate de personas positivas y no de cualquiera para evitar la soledad.
- Aprende de la experiencia de estar contigo mismo. No te llenes de actividades para evitar la soledad.
Si, a pesar de haber intentado estas claves, estás bloqueado, te sientes aislado o perdido y experimentas la migración como un sufrimiento, busca ayuda. Puedes contar con una Psicóloga Online en tu idioma. Puedo ayudarte a encontrar caminos de salida para que puedas superar ese bache y salir fortalecido de la experiencia.
Diana Vilar R.
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